Hijo único

Hijo único

Psic. Antonio Galván Duque Gastélum*

 

Es cada día más común encontrar familias que deciden tener sólo un hijo, ya sea por el constante costo que involucra o por una decisión meramente de preferencia. Sin embargo, es de considerar que la forma de crianza de un solo hijo dentro de la familia es totalmente diferente a la que se realiza  cuando se tienen más hijos.

 

El presente artículo busca aclarar ciertas dudas que se tienen sobre este tema y a su vez, se busca mostrar ciertas consideraciones a tomar en cuenta en la crianza de hijos únicos en los momentos actuales.

 

Una de las principales consideraciones que los padres deben tener presente es el hecho de que en toda familia y en todo momento se tienen diferentes expectativas de los hijos que uno tiene. Es común encontrar que dentro de familias con dos o más hijos suelen poner diferentes ideas y proyectos para cada uno de ellos, considerando la situación que viven dentro de la familia. Es decir, los padres toman siempre en cuenta el número de hermano que es el hijo (o hija) para llevar a cabo dichas expectativas. Algunos pequeños ejemplos de esto son: se espera que el mayor “abra el camino” a los demás, que el hijo menor sea el consentido, que la hermana mayor sea tratada como una dama durante los juegos, que el hermano menor debe escuchar al mayor, que la hermana mayor debe respetar a la menor y ser un ejemplo para ella, entre otros. Junto con esto, el sexo también juega un papel importante en las diferentes ideas y expectativas por parte de los papás. Si el hijo es varón, el padre puede poner diferentes ideas sobre él, por ejemplo: que logre el trabajo que él nunca pudo lograr, que cumpla las expectativas de “ser hombre” que logre ser exitoso, que sea buen deportista y la estrella de su equipo, etc. Si la hija es mujer, suele esperarse de ella que sea educada, limpia, graciosa, divertida, amable, una dama en toda la extensión de la palabra.

 

Como podemos ver, las expectativas que se tienen de un hijo suelen ser muy diferentes a las que se tienen de otro, dependiendo de la edad, número de hijo y el sexo. Con esto en mente, es natural pensar que los hijos únicos cargan una serie muy distinta de responsabilidades que cuando tienen hermanos. Los varones que son hijos únicos, pueden tener sobre ellos las ideas de sus padres, para que éstos sean exitosos y sin contratiempos en la escuela, además de ser buenos deportistas, con grandes grupos de amigos y ser el centro de ellos; es decir, la expectativas pueden ser demasiado altas y sus  logros reales pueden verse menospreciados por no ser parecidos a los esperados. Con las mujeres es algo parecido, es común ver como las madres las inscriben en múltiples actividades (ballet, gimnasia, baile.) esperando que lleguen a destacar en donde ella no pudo hacerlo en el pasado.

 

De la misma forma, puede suceder lo contrario; al tener un solo hijo se llega a pensar que lo “merece todo”, que sin esfuerzo alguno debe obtener todo lo que espera y más que eso, los padres suelen cumplir todos los deseos de sus hijos sin poner condiciones y les permiten hacer todo lo que deseen. En este sentido, tener más de un hijo o que los niños constantemente estén en contacto con otros niños puede ayudar a que aprendan las reglas de convivencia y sociabilidad básicas. Mientras juegue con otras personas y llegue en algunas ocasiones a perder, podrá aprender a superar la frustración, a seguir reglas e instrucciones, a compartir y ser empático con los deseos de otras personas. No es recomendable que los niños obtengan todo lo que desean sin tener que cumplir algo a cambio. Es decir, no es positivo que los niños puedan tener lo que deseen sin que se les pida un buen comportamiento o cumplir alguna tarea en la casa, que no se les reprenda cuando su conducta no es la adecuada. Esto puede derivar en conductas de rebelión y desafío contra figuras de autoridad como los maestros.

 

Ya hemos tratado un poco lo que puede implicar para los padres tener un hijo único, la pregunta que sigue sería ¿qué es lo que se puede hacer?, como idea general se trata de entender y comprender a los hijos, lo que ellos quieren y desean. Enseñarles a convivir con otras personas, que aprendan a compartir y a respetar las reglas y a la autoridad, no esperar de ellos algo que ellos no desean hacer. Siempre es importante tener como punto de horizonte o guía el entender que los hijos únicos también pueden sentirse muy solos al convivir contantemente con personas que son mayores a ellos. Es bueno jugar con ellos y en lo posible alentarlos a jugar con otras personas para que convivan y los sentimientos de soledad desaparezcan.

 

A su vez, también es bueno no sólo abordar las implicaciones de los padres, sino también el de aquellos que son hijos únicos. Debe pensarse que pueden llegar a ser inquietos y recelosos con sus cosas, esto es por la falta de necesidad de tener que compartir. Otra de las implicaciones es que suelen no tener muchas responsabilidades más que la escuela y es por ello que se les complica cumplir con las pocas que tienen. Es bueno enseñarles a ser responsables, pidiéndoles que apoyen en tareas pequeñas dentro de la casa, tales como, lavar su propio plato, tender su cama, limpiar su cuarto, etc. Con esto, se esperaría que aprendan la responsabilidad y respeto a la autoridad.

 

Pero sobre todas las cosas, siempre hay que considerar que los padres son un equipo. Los niños suelen llevar a cabo una estrategia de confrontación “si papá me dijo que no, mamá me dirá que sí”, con esto logran manipular a los padres para lograr obtener lo que desean. Los padres deben comprometerse a apoyarse y tomar las decisiones en conjunto, ser firmes en las resoluciones que se han tomado y de esta manera impedir que el hijo o hija se alíe con uno de los padres en contra del otro. Con esto se evita que el niño llegue a manipular las reglas y tendrá que acatarlas, a pesar del enojo o frustración que esto pueda provocarle.

 

Para finalizar, es importante tener presente que las frustraciones son parte integral del crecimiento. Los padres no deben asustarse si el hijo llega a enojarse, el niño debe aprender a controlarse y a superar la frustración para que en el futuro pueda sobreponerse a las diferentes exigencias de la vida.

 

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