Niños berrinchudos

Niños berrinchudos

Un tema importante y el pan de cada día de los padres con niños de alrededor de los dos años. En muchas ocasiones, padres y madres no saben cómo atender este asunto. Descubre cómo manejarlo y enfrentarlo.

 

*Psic. Celia Palacios Suárez y Psic Ana María Baltazar Ramos

 

El berrinche es uno de los problemas que enfrentamos los padres y nos preocupa saber cómo resolverlos y, más aún, evitarlos. El primer paso para ellos es delimitar qué es un berrinche. Generalmente, se piensa que si el niño llora, porque se le niega algo o quiere conseguir algo, está haciendo berrinche, incluso cuando es un bebé.

 

Conforme vaya creciendo irá cambiando el llanto por el lenguaje no verbal para manifestar lo que quiere, ya sea señalando manifestándolo con la postura de su cuerpo y, poco a poco, con las palabras. Por ejemplo, conocemos un pequeño, desde los dos años, cuando se le niega algo, pone cara triste, hombros caídos, brazos colgantes y se va caminando a algún lugar “con toda su tristeza”. Pero “para nuestra desgracia”, no será así en todos los casos. Muchas veces rompen en llanto, un llanto que puede parecernos desmedido, pero lo cierto es que para ellos, eso que les negamos o que no logran es muy importante, así sea un “simple” dulce. Y no sólo lloran, gritan, se tiran al suelo, patalean. Todas estas son manifestaciones de su frustración. Y todas ellas pueden resultar molestas, porque no estamos educados ni acostumbrados a tolerar las reacciones “negativas”. De alguna manera, se nos ha hecho creer que “la vida es bella y rosa”, pero con los llantos, gritos y pataleos, pierde su belleza y color rosado. Ni siquiera toleramos el llanto tranquilo, ni en niños mayores.

 

Manifestación de las emociones

 

Con el tiempo, el niño aprenderá a moderar sus sentimientos, cada vez usará menos el llanto y se  manifestará de maneras más aceptables para la sociedad en que se desenvuelve: su familia, escuela, amigos, vecinos. Por ejemplo, dejará de soltar la carcajada cada vez que algo le parezca gracioso, pues podría lastimar o herir los sentimientos de otras personas, como cuando alguien se tropieza o cae, o dejara de romper en llanto cada vez que se sienta frustrado o no satisfecho en sus necesidades y demandas, como cuando no le compramos un juguete o un compañero no le presta algo que él quiere tener.

 

Sin embargo, es importante apoyarlo y enseñarle a controlar la manifestación de sus emociones, de tal modo que no se convierta en una persona inexpresiva o reprimida en la manifestación de sus sentimientos.

 

¿Cómo lograrlo? Permitiéndole que se exprese y dándole más importancia a él que a lo que digan o piensen los demás. Por ejemplo, si está en una fiesta o en su casa y se pone a gritar de alegría, hay que permitírselo. Si su tía le indica que deje de brincar en los sillones y él se pone triste, evitar decirle, pero no te enojes, es mejor permitirle que demuestre su tristeza. Es importante aprender a respetar sus emociones, ya sean “positivas” o “negativas”. Si lo hacemos así, él no tendrá que exagerar para que se le haga caso, de lo contrario los niños aprenden a hacerse escuchar y atender mediante los berrinches, pues saben que es más probable que se les complazca, con tal de que se callen o de que no nos apenen ante los demás.

 

Otro factor que contribuye a que los niños respondan de esta manera es porque no han aprendido a postergar la satisfacción de sus necesidades. Si tienen hambre quieren comer en ese instante. Si tienen sueño, se duermen, no importa si están de visita, en una fiesta, jugando o incluso comiendo. Por eso pareciera que no nos entienden cuando les decimos, luego te lo compro, otro día venimos. Es como si no entendieran de razones. Y así es. Ellos lo quieren en ese instante, no al rato ni mañana, mucho menos para el día de su cumpleaños ni en las vacaciones, que son situaciones demasiado lejanas para ellos o que ni siquiera pueden imaginar cuándo será. Quizá ese juguete que tanto imploró cuando fueron a la tienda, le resulta indiferente cuando, después de un tiempo, por fin se lo llevan, quizá como regalo de cumpleaños o de Reyes. Entonces piensas ¿quién te entiende? Lo que pasa es que ya dejó de interesarle.

 

Si se le va a pasar, ¿para qué hacerle caso?

 

Debes esforzarte en ser lo suficientemente flexible para saber cuándo complacerlo  y cuándo no, para ayudarle a aprender a esperar.

 

En esto influyen muchos factores, como el beneficio que le aportará lo que solicita, si se considera que es adecuado dárselo en ese momento o quizá lo sentirá como un premio por alguna acción inadecuada que acaba de realizar; y por supuesto, si se tiene dinero para ello.

 

Como adulto debes ayudarle a moderar la satisfacción de sus necesidades y demandas si actúas como una guía y apoyo en su desarrollo, él irá aprendiendo que unas cosas se las puedes conceder y otras no.

 

Comprenderá que en la vida son muchas más las cosas que nos llaman la atención que las que realmente podemos tener. Aprenderá a postergar la satisfacción de sus deseos y necesidades, y por otro lado a esforzarse en lograr aquello que realmente le guste.

 

Tener esto presente te permitirá comprenderlo mejor, además de entender que el llanto es una de sus principales formas de comunicación, que se siente frustrado cuando no lo complaces y que no le es fácil posponer la satisfacción de sus necesidades y deseos. Es muy importante comprenderlo. Esto no significa que te conviertas en su esclavo y tengas que complacerlo en todo, para evitar que llore o haga berrinche.

 

Debes recordar ser congruente, consistente y constante en la educación y formación de tu hijo.

 

“Llamada de atención”

 

No se trata de complacerlo de acuerdo con el nivel de sus llantos, gritos y pataleos. Es justamente esto lo que da origen a los berrinches. Pues si cedes “con tal de que se calle”, aprenderá que está es la forma de convencerte: llorando, gritando, aventando cosas, tirándose al suelo y pataleando. Cuando actúa de esta manera, lo hace para llamar la atención, necesita público (tú, familiares, amigos o desconocidos), pues muchas veces “su público”  se desespera o “compadece” al verlo llorar o gritar y acceden a lo que quiere, “para consolarlo” con tal de terminar con esos episodios sin darse cuenta que efectivamente terminan con la situación negativa, pero a la vez “premian y fortalecen” su berrinche

 

Esto puede convertirse en un comportamiento manipulador que es dañino y debe evitarse, pues lo seguirá haciendo y no aprenderá que en algunas ocasiones puede lograr lo que quiere, pero en otras no; que a veces es cuestión de esperar un rato, unos días o meses, y otras definitivamente no se podrá. Si no lo ayudas a diferenciar entre lo que puede obtener y lo que no, conforme crezca seguirá manipulando (suplicando, llorando, gritando, golpeando) para obtener lo que quiere. Tal vez puede llegar a romper el objeto más valioso de la casa, dejar la escuela o incluso suicidarse, si no se le complace.

 

¿Qué hacer?

 

·      Identifica las preferencias y necesidades de tu hijo. Si atiendes a sus actividades, juegos o gustos en los alimentos, será fácil que te des cuenta cuando es una necesidad lo que pide y cuándo es una forma de llamar tu atención. Recuerda que sus gustos y necesidades son muy diferentes a los tuyos. Valóralos y no pienses que son “cosas sin importancia” o “ya se le pasará”.

·      Procura ser flexible, no se trata de que le concedas o niegues todo. Procura un equilibrio y sé congruente con lo que haces. Por ejemplo, no es adecuado que le niegues salir a jugar con sus amigos si tú frecuentemente estás platicando con los vecinos.

·      Cuando haya necesidad de negarle algo, siempre dale una explicación, aunque creas que es muy chico y no te va a entender. Si lo haces, se dará cuenta de que cuando pide algo no respondes de inmediato con un sí o un no de manera impulsiva, sino que realmente estás procurando lo mejor para él.

·      Si las cosas han avanzado y tu hijo ya aprendió que haciendo berrinches consigue lo que quiere, no te des por vencido, el ser humano puede aprender nuevas cosas toda la vida. Ten presente que corregir es más difícil que enseñar, pero no imposible. Así la próxima vez que grite, llore, aviente cosas, se tire al suelo, es decir, haga un berrinche; dile que así no va a obtener nada, que te pida las cosas de manera tranquila. Si es un lugar público, retírate lo más que puedas, verificando que no se haga daño a sí mismo ni a otras personas. Si están en casa, llévalo a otro lugar, donde pueda estar solo como su habitación, la sala o el patio, y vuelve a atenderlo cuando ya esté tranquilo.

·      Permanece lo más serena que puedas, muéstrate segura y sin preocupación alguna, pues debe comprender que haciendo berrinches no logrará que lo atiendas. Riega las plantas o ponte a leer. No significa que lo dejes “a su suerte”, sino que se percate de que no le harás caso si sigue comportándose así.

·      Cuando se haya tranquilizado, explícale con suavidad que así no le entiendes. Si en ese momento no es posible complacerlo, explícale por qué. Por ejemplo: hoy no tengo dinero para comprarte ese carrito, es muy costoso y necesitamos comprar otras cosas.

·      Cuando tu hijo pida cosas sin hacer berrinches, elógialo diciéndole que es muy indo porque pide tranquilamente las cosas, dile que lo amas, bésalo, abrázalo y, si es posible, prémialo jugando juntos con algo que le agrade.

 

 

DATOS DE AUTOR

 

*Profesoras de psicología educativa FES Zaragoza, UNAM