Clasificación de importancia de las faltas

Clasificación de importancia de las faltas


 
 Clasifica la gravedad de la falta de acuerdo con los valores prioritarios de tu hogar.

 

Por Vidal Schmill*

 

La disciplina inteligente significa: Actuar reconociendo que cada conducta tiene importancia diferente y que, por ende, sus consecuencias también deben ser diferentes.

 

Si empiezas por clasificar correctamente las faltas, tendrás el cincuenta por ciento resuelto para saber cómo actuar ante las conductas inaceptables de tus hijos.

 

Las consecuencias que experimente el niño o joven en cuestión, deben ser proporcionales a la gravedad de la falta, en función de la evaluación de los valores establecidos como prioritarios en la familia.

 

A.   Primero debes revisar tu propio paquete de valores prioritarios y cotejarlos con los de tu pareja. En caso de no tener pareja, los puedes cotejar entonces con las personas con las que el niño convive cotidianamente (abuelos, tíos).

B.   Luego debes acordar qué valores serán los prioritarios en tu hogar, a fin de contar con un punto de partida que te sirva de referencia para evaluar las importancias relativas de las posibles faltas en la conducta de tus hijos.

C.   Hacer una lista de las faltas más frecuentes que cometen tus hijos en general, sin jerarquizar todavía, sólo enlistándolas.

D.   Después debes elaborar un reglamento breve y claro que permita vivir dentro de dichos valores prioritarios.

E.   A continuación hay que ponerse de acuerdo sobre la importancia de cada una de las faltas enlistadas, utilizando los siguientes criterios

 

 

Observa que hay una flecha que vincula a las faltas leves con las intermedia, pues son las que cotidianamente ocurren, además de que pueden variar de clasificación de acuerdo con las circunstancias y los propios valores en cuestión.

Observa también que hay una línea divisoria gruesa para separar las faltas graves. Esto es debido a que es muy importante no mezclarlas, puesto que por lo general ocurren ocasionalmente y en realidad deben considerarse así de acuerdo con un criterio claro e incuestionable.

¿Cómo asignar la importancia de una falta?

La asignación de la importancia de una falta entre las categorías leve o intermedia, debe negociarse en pareja o con los involucrados en la educación de los hijos, nadie ajeno a tu entorno familiar tiene derecho a decirte qué falta debe clasificarse como leve y cuál otra se debe clasificar como intermedia, pues esto depende de tus propios valores prioritarios y de lo que puedas acordar en la intimidad, no de los valores de quien opina, siendo ésta una persona ajena a tu hogar.

 

Eso sí, te recomiendo no atacar los valores prioritarios de tu pareja, mejor negocia. Si hay discrepancia, cede en algunas cosas y presiona en otras que verdaderamente consideres fundamentales.

 

En esta etapa, puedes llevarte muchas sorpresas, para bien o para mal; tal vez redescubras a tu pareja y te des cuenta de que, a pesar de posibles desacuerdos y desavenencias, comparten valores prioritarios que les permiten navegar juntos en un mar de diferencias; o tal vez descubras que en realidad no tienes pareja, tienes esposo(a), lo que no siempre es lo mismo. Esto ocurre cuando observas que realmente no compartes ni lo fundamental, es más que hasta pueden llegar a ser antagónicos entre sí con respecto a sus prioridades.

 

Ten cuidado para no caer en el extremo de buscar una “armonía total” de valores, pues en muchas ocasiones alguien puede mencionar un valor aparentemente distinto al tuyo pero su interpretación coincide con lo que tú entiendes por otro valor, por ejemplo: tu esposa menciona la fidelidad como un valor prioritario y tú te refieres a lo mismo pero utilizando la palabra lealtad.

 

Así que es muy importante que además de revisar el listado de valores prioritarios, se expliquen mutuamente la interpretación o lo que cada uno entiende por ellos.

 

Luego deben de revisar, a la luz de dicho paquete de valores prioritarios, el listado de conductas inaceptables más frecuentes que escribieron en el paso C anteriormente mencionado y, ahora sí, clasificarlas en una escala entre leves y regulares.

 

Posteriormente veremos qué hacer en consecuencia; recuerda que el 50% de la respuesta correcta la obtienes al clasificar adecuadamente la importancia de la falta.

 

Las faltas graves son harina de otro costal, que deben abordarse por separado.

 

Lo cotidiano son las leves y las intermedias, no las graves.

 

El equilibrio entre firmeza y benevolencia es indispensable a lo largo de todo este proceso, pero si tu hijo comete una falta grave, que conforme al criterio establecido pone en riesgo su vida, la de otros o incluso comete una acción que puede ser considerada un delito, estas variables adquieren una importancia vital.

 

Como comprenderás una falta del tipo no recoger sus juguetes, derramar diariamente la leche sobre su uniforme escolar justo antes de salir para la escuela, pelearse con el hermano, no irse a dormir, molestar a su hermana, no bañarse, decir groserías, etc., etc., pueden a lo mucho llegar a ser faltas intermedias, pero nunca serán graves.

 

Estoy de acuerdo contigo, pueden llegar a ser desesperantes, desquiciantes, que te den ganas de estrangularlo, que te produzcan la pérdida del cabello, pero nunca serán graves. Y es muy riesgoso clasificar una conducta como grave por hecho de que ya estás harto. El hartazgo no es un criterio válido para calificar como grave el que tu hijo haya sido grosero con la vecina. Por supuesto que el insulto está mal y debe ser corregido, debe haber una consecuencia (ya elegirás cuál) pero no debes considerarla dentro de la categoría de grave.

 

Cuando hablo de faltas graves me estoy refiriendo a que ponen en riesgo no sólo un valor sino su vida misma o la de otros, o a la posible pérdida de su libertad por la comisión de un delito. Perder la vida o la libertad son los aspectos que mayores consecuencias nocivas pueden generar, por lo que mi propuesta es que realmente elimines la clasificación de grave en todo lo que no entre dentro del criterio mencionado; repito, que reconozcas cuando realmente es grave con este criterio:

 

RIESGO DE PERDER LA VIDA, LA SALUD O LA LIBERTAD. ANTE ESTAS FALTAS, DEBES EJERCER LA FIRMEZA SIN DUDA ALGUNA, EQUILIBRADA CON LA BENEVOLENCIA QUE SEGURAMENTE LAS AUTORIDADES OFICIALES NO TENDRÁN ANTE LA COMISIÓN DE UN DELITO.

 

Más vale que ejerzas tú la firmeza necesaria y no que sea la policía quien se haga cargo de dicha falta, pues ellos no tendrán, insisto, la benevolencia que sólo los padres pueden darle a un hijo.

 

Evidentemente, tu firmeza será ejercida en relación con su edad y circunstancia, pero debe ser ejercida sin duda alguna.

 

Para que no te quede la menor duda sobre lo que pueden ser faltas graves, te ofrezco algunos ejemplos:

 

·      El pequeñito se suelta de tu mano y se atraviesa la calle.

·      La niña se columpia en el barandal desde el tercer piso del centro comercial.

·      La joven conduce el automóvil en estado ebriedad.

·      El joven “juega” sexualmente en el baño con la prima de 5 años de edad.

·      El niño le clava el lápiz en la mejilla a su compañero de clase.

·      El niño roba de una tienda un juego que no le quisieron comprar sus padres.

 

¿Estoy siendo claro? Grave es grave en función de la vida y/o la libertad. No son tonterías hartantes o desesperantes, las cuales deben ser corregidas, pero nunca desde la misma perspectiva que las graves.

 

Cuando son leves o intermedias y tú pegas, gritas y castigas, estarás haciendo lo que un autor llamó “matar cucarachas a balazos”; es decir, utilizando una fuerza excesiva para resolver algo que no requiere tanta. A veces se trata tan sólo de un error, ni siquiera de una falta.

 

Si tú pegas, gritas y castigas cotidianamente ¿qué recurso te quedará cuando realmente haga algo grave? ¿lo azotarás? ¿lo crucificarás? Estás usando u arma de grueso calibre cuando no es necesario y perderás el impacto requerido para ayudar realmente a tu hijo a entender cuando haga algo realmente grave.

 

Si la constante son los gritos, los insultos o los golpes, hasta porque tocó las figuritas de porcelana china de “la tía Conchita”, cuando quieras impactar por algo realmente grave ya no tendrás impacto, ya se habrá acostumbrado a tus gritos; es más, hasta podrá calcular los riesgos y actuar cínicamente sabiendo lo que le espera.

 

Me relataron el caso de una niña que en una ocasión le dio a su madre la chancla con la que acostumbraba pegarle y le dijo “pégame de una vez porque no pienso sentarme a hacer la tarea todavía”. Esto puede sonar cómico, pero en el fondo revela una estrategia fallida que no educa, sólo produce conductas cínicas o hipócritas.

 

Por el contrario, si nunca pegas, gritas, insultas, ni castigas, sólo aplicas consecuencias proporcionales a la importancia de las faltas; el día que cometa una falta grave, podrás, por contraste, hacerle sentir con claridad que realmente lo que hizo estuvo muy mal. Realmente mal. ¿Se le puede pegar o gritar ante una falta grave? Claro que sí. Pero sólo en el caso de una falta grave, para que por contraste pueda diferenciar la importancia relativa.

 

Será un gran avance el que puedas dimensionar la verdadera importancia de las conductas inaceptables de tus hijos y que puedas entonces tener claridad sobre lo que debes y lo que no debes hacer.

 

Insisto, distinguir las importancias relativas de las faltas es el 50% de la respuesta a “¿qué hacer?” frente a la conducta inaceptable de tus hijos.