Fórmulas funcionales, más que una leche infantil

Fórmulas funcionales, más que una leche infantil

 

ESCRITO POR: Dr. Salvador Espinosa Arámbula*

 

 

El concepto actual de nutrición está evolucionando. La nutrición adecuada, entendida como “suficiente” dirigida a evitar déficits, ha dejado de ser el objetivo principal. Ahora emerge la alimentación como “nutrición óptima”, cuyo objetivo es la calidad de vida y el bienestar integral del individuo. Así, la nutrición adquiere un nuevo enfoque terapéutico y preventivo; participa en la promoción de la salud y es ya considerada como factor de protección ante una serie de enfermedades.

Dentro de ese contexto, el desarrollo de fórmulas infantiles para la alimentación del recién nacido y lactante es un proceso continuo. En las últimas décadas también ha presentado grandes cambios a partir del concepto de que una buena nutrición mejora el sistema inmunitario y tiene un papel fundamental en la prevención de enfermedades que causan gran morbilidad como las cardiovasculares, obesidad, diabetes, etcétera.

Los nuevos avances en las fórmulas infantiles para lactantes con la adición de sustancias que mejoran su estado nutritivo y/o inmunitario haciéndolo similar a los lactantes que siguen una alimentación con el pecho de la madre es el nuevo camino a seguir, y cada día nos sorprenden con un nuevo concepto nutricional que le da un valor añadido a una determinada fórmula. Así, hemos visto que se añaden a las fórmulas aminoácidos semiesenciales, nucleótidos, oligosacáridos, prebióticos, ácidos grasos de cadena larga, entre otros, con el fin de conseguir valores nutricionales similares a los de la leche materna para la alimentación del recién nacido y lactante. De aquí surgen los alimentos llamados funcionales, los cuales ayudan a lograr un nivel de salud óptima a través de la nutrición.

 

Alimentación básica del lactante

La base de alimentación de un lactante debe cumplir con las siguientes características:

a) Satisfacer las necesidades de los macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) y micronutrientes (vitaminas y minerales), que permitan su crecimiento y desarrollo funcional y mental óptimos, de acuerdo con su potencial genético.

b) Adecuarse a las capacidades biológicas de absorción, metabolismo y excreción del lactante, especialmente en los primeros meses de vida; y durante su etapa complementaria en cuanto a su crecimiento y desarrollo como lactante.

c) Promover su buen estado de salud actual y futura.

d) La leche materna (LM) el “gold standard” de la nutrición infantil debido a las características que posee: ser específica para la especie humana y diferente a todas las leches de otros mamíferos. Esto condiciona ventajas como proporcionar los nutrientes necesarios en la etapa de desarrollo del niño, facilita la digestión y absorción de los nutrientes, tiene ventajas de índole inmunológico, posee factores de crecimiento, promueve la salud a largo plazo, favorece el desarrollo cognitivo del niño, posee beneficios psicológicos para la madre y el niño y, sobre todo, no tiene costo alguno. Cuando no se dispone de leche materna la alternativa es la leche de vaca con la cual se elaboran las fórmulas.

 

Fórmulas infantiles

Cuando las circunstancias no permiten amamantar a un niño es necesario ofrecerle otra modalidad de alimentación que satisfaga sus necesidades nutricionales.

Una buena opción son las fórmulas comerciales o adaptadas basadas en leche de vaca, que intentan acercarse a la composición de la leche materna para hacerla compatible con la madurez gastrointestinal y necesidades del recién nacido y lactante. Reconstituidas en un 13 por ciento (13g de polvo en 100 ml de agua hervida) tienen un aporte de nutrientes similar a la leche materna y cumplen con las recomendaciones establecidas para la preparación de fórmulas lácteas infantiles.

Es inadecuado darles leche de vaca a los lactantes menores de un año, ya que contiene una concentración excesiva de proteínas, calcio, fósforo, y sodio y, además, es deficiente en ácidos grasos esenciales, vitaminas C, E, D, y niacina. Asimismo, el hierro, zinc, y cobre, junto con ser insuficientes en cantidad, se absorben pobremente.

Anteriormente, las fórmulas infantiles sólo se esforzaban en tener los nutrientes necesarios para satisfacer las necesidades nutricionales. En los últimos años han cambiado sustancialmente los criterios de evaluación de los sustitutos de la leche materna. Actualmente, los  organismos líderes en la nutrición pediátrica como la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica), señalan que el principal objetivo en la investigación y fabricación de las fórmulas de inicio es el de “acercarse al máximo a la composición química de la leche materna y –lo más novedoso- a la respuesta metabólica integral del lactante alimentado con leche materna”. De acuerdo con ello, se puede considerar que una fórmula infantil tiene un carácter funcional cuando presenta alguna de las siguientes características: ejerce un efecto beneficioso sobre funciones específicas del organismo, mejora el estado de salud y bienestar del lactante, y disminuye considerablemente el riesgo de enfermedades.

 

Beneficios de los alimentos funcionales

Los últimos avances realizados en el campo de la elaboración de las fórmulas infantiles responden a nuevos criterios y, entre ellos, cabe señalar: un efecto bifidogénico (promover la formación de probióticos), gracias a la reducción de los contenidos de proteínas y fósforo junto con un aporte mayoritario de lactosa, y la adición de prebióticos oligosacáridos, probióticos, ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga y nucleótidos (componentes principales de las fórmulas funcionales).

La conjunción de esos tres factores ha permitido que los lactantes alimentados con una fórmula infantil con dichas características tengan una flora intestinal semejante a la de los alimentados con leche materna, además de ayudar en el desarrollo del sistema inmunitario:

·       Contenido reducido de proteínas: cuanto más alto es el contenido de proteínas de una fórmula infantil mayor será la proporción de residuos de proteínas en el intestino grueso y, en consecuencia, mayor será el número de bacterias putrefactivas (aquellas que descomponen a las proteínas). En cambio, el bajo contenido de proteínas produce un número más elevado de bífido-bacterias (mejoran la digestión de la lactosa) en las heces.

·       Bajo contenido de fósforo: el fósforo es el principal factor determinante de la capacidad tampón (facultad que presenta el agua en mantener constante el nivel de pH al añadirse ácidos o bases) de una fórmula infantil; y la baja concentración de fósforo intestinal es una condición esencial para un pH ácido en las heces, con lo que favorecerá el crecimiento de las bífido-bacterias.

·       Lactosa: es un hidrato de carbono que se absorbe lentamente, con lo cual evita parcialmente su digestión y absorción, y está disponible para ser fermentado por la microflora colónica (constituida por un número importante de bacterias que viven simbióticamente en el organismos). Es el sustrato preferido para el crecimiento de las bífido-bacterias, por ello cuanto mayor sea la cantidad de lactosa presente en una leche infantil, mayor será la cantidad de lactosa disponible en las heces para el crecimiento de las bífido-bacterias.

·       El término “prebiótico” se refiere a un ingrediente alimentario no digerible que beneficia al niño mediante la estimulación selectiva del crecimiento y/o actividad de una o un número limitado de bacterias en el colon, es decir, influye positivamente en la microflora intestinal. La eficacia de los prebióticos está ligada a su capacidad de resistir la digestión en el intestino delgado y alcanzar el colon, con el objeto de que un grupo restringido de microorganismos, fundamentalmente bifidobacterias y lactobacilos, sean utilizados de modo selectivo.

Algunos hidratos de carbono (no digeribles), algunos péptidos y proteínas y ciertos lípidos serían candidatos a prebióticos. Se ha observado que un grupo de oligosacáridos puede considerarse prebiótico. De origen vegetal, la inulina y sus derivados y los fructooligosacáridos (FOS). Entre los oligosacáridos de origen lácteo destacan los galactooligosacáridos (GOS), la lactulosa, el lactitol y la lactosacarosa. Se han identificado más de 130 oligosacáridos en la leche materna y su presencia disminuye a medida que progresa la lactancia. Así, en el calostro la cantidad de oligosacáridos representa el 24 por ciento del total de hidratos de carbono mientras que a los dos meses dicha cantidad desciende al 15 por ciento. Algunos de los más importantes son: la glucosa, galactosa, ácido siálico y la N-acetil-glucosamina (NAG), una forma de glucosamina (elemento estructural del tejido de las articulaciones y del conectivo).

 

En resumen

El término “alimentos funcionales” nos lleva a comprender las bases moleculares de la relación entre alimentación, salud y la posibilidad de contar con reguladores biológicos (donde los probióticos juegan un papel protagónico) que disminuyan el riesgo de contraer enfermedades. Se trata de alimentos que producen beneficios sobre una o varias funciones específicas en el organismo; más allá de los efectos nutricionales habituales, también son capaces de mejorar el estado de salud y/o de reducir el riesgo de una enfermedad.

Asimismo, es importante señalar que la alimentación de los niños es fundamental durante sus primeros años de vida. Un niño bien alimentado tiene asegurado su desarrollo físico e intelectual. Por ello, se deben seguir las recomendaciones del pediatra. Es de suma importancia que los padres lleven un registro o pongan especial atención en la relación peso/talla de sus bebés; en los aspectos de educación y disciplina del niño, así como en sus proporciones corporales, peso, talla y perímetro cefálico; y en los más grandecitos valuar su Índice de Masa Corporal, pues son los parámetros que indican el estado de nutrición de los niños.

 

DATOS DE AUTOR:

*Pediatra del Hospital Ángeles del Carmen en Guadalajara, Jalisco. Miembro del Colegio de Pediatría de Jalisco, A. C.