Lizbeth Magdalena Macías Islas 32 años

Lizbeth Magdalena Macías Islas 32 años

 

Lizbeth Magdalena Macías Islas

32 años

Estado de México

No sé cómo explicarlo, pero para mí la maternidad es una sensación de querer cuidar y proteger en todo momento a tus hijos porque sabes que dependen de ti. Sin duda es muy agradable y bonito ser madre, pero también es de preocupación, pues son tantas cosas que se viven actualmente y personalmente no sé si realmente pueda cuidar de mis hijos tan bien como yo quisiera, porque como padres queremos darles lo mejor, pero nunca sabes si lo estás haciendo bien. No olvido una experiencia que me paso con uno de mis hijos, tengo dos, Ernesto de 6 años e Iván de 1 año 8 meses. A los 12 días de haber nacido Ernesto, recuerdo que dormía en su cuna y de repente empezó a llorar, lo hizo durante toda la noche, yo me levanté para verlo, trate de tranquilizarlo, lo cargué, le intenté dar de comer, pero nunca encendí la luz, todo lo hice a oscuras, pues no quería que le molestara algún reflejo. Al amanecer lo llevé al médico, pues ya casi no podía respirar. El doctor me dijo que estaba muy mal y que se trataba de una neumonía, y que por su situación –pues mi hijo tiene Síndrome de Down–, otras horas más y mi pequeño hubiera muerto, me pregunto que si no había notado se pusiera moradito, le dije que no, porque yo bajo mi inexperiencia, simplemente no quería que le molestara la luz la noche anterior que presentó los síntomas. Yo sabía que era la neumonía, había oído hablar de ella, pero nunca imaginé que se tratara de una enfermedad muy grave, y menos aún que podían padecerlo los niños y los recién nacidos. Y esta es la falta de información y falta de experiencia que podemos tener como madres. Ahora con mi segundo hijo, si llora en la noche prendo la luz de inmediato y le reviso exhaustivamente todo su cuerpo, me cercioro que respire bien y que no se le suman las costillas. Esto me enseña que siempre debemos aprender, informarnos y orientarnos sobre todo lo que puedan padecer los niños durante su crecimiento. Por eso, intento leer mucho, y sobre todo, estar en contacto con los especialistas, quienes para mí son de mucha confianza. Nunca me fio de lo que digan otras madres, es mejor acudir al médico, con el pediatra, pedagogo o psicólogo, para cualquier duda o caso de urgencia. También he llegado a tomar cursos por la situación especial de mi hijo el mayor. Mi esposo está inscrito a una página sobre Síndrome de Down para recibir información actualizada, y así poder cuidar de nuestros hijos lo mejor posible, pues también viene información para los hermanos. Ahora también sé que debemos creer mucho en nuestros instintos y no en lo que las demás personas digan, sino hacer lo que pensamos y no quedarnos con dudas, y aunque a mí me da mucha pena estar siempre preguntando a los especialistas, es mejor hacerlo. También es importante saber que los niños son diferentes y aunque estén en la misma etapa, las cosas que hacen nunca son iguales.



Noemí Contreras Rodríguez 

45 años

México, D. F. 

No puedo contar una anécdota especifica, pues afortunadamente mis dos hijos no han tenido accidentes o enfermedades graves, sin embargo, lo que he visto en su crecimiento, es que la actitud que tengo con mi hijo el mayor debe ser totalmente diferente a la que debo tener con mi hija la menor, pues son diferentes personalidades, por lo tanto, hay que entender el de cada uno de manera diferente. No debemos pretender que les gusten las mismas cosas. Esta es la gran tarea y responsabilidad que tenemos como padres, y creo que junto con nuestros hijos, vamos aprendiendo cómo guiarlos, protegerlos y educarlos para que sean seres felices, pero esto no se puede hacer de la misma manera como lo hicieron nuestros propios padres cuando nos tocó ser niños. Ahora debemos saber cuál es el contexto en el que vivimos y nos desenvolvemos, además de establecer una comunicación directa con nuestros hijos, enseñarles valores, sentimientos positivos, alertarles sobre los peligros a los que se pueden enfrentar e intentar proporcionarles seguridad social, ya que como madre deseo que se desarrollen de manera plena y sean la continuidad de uno mismo en cuanto a ser seres libres y felices. Afortunadamente tenemos una familia nuclear, mis hijos tienen a su padre y cuentan conmigo. Por nuestra situación económica trabajo medio tiempo, para que la otra mitad se los dedique a ellos, pues los adolescentes son susceptibles a sentirse solos y, por lo tanto, a vivir en soledad, entonces si llega a casa y no tiene la imagen paterna o materna, busca la compañía de otras personas y en el mundo actual en el que se vive es más fácil que, sobre todo ellos, caigan en problemas como la drogadicción. Cuando ambos miembros de la pareja trabajan todo el tiempo y no prestan atención a sus hijos se sacrifica la comunicación, convivencia, el contacto, y la oportunidad de generar un ambiente sano y armonioso. Por eso es importante no descuidarlos y demostrarles amor desde la concepción. 

Creo que en el momento en que traemos al mundo a un niño, nosotros como madres debemos sentir que ese bebé será una prolongación de nosotras mismas, por ello debemos pensar en darles lo mejor, y no me refiero exclusivamente al aspecto económico, sino al afecto y el cariño que nosotros tenemos que darles a nuestros hijos para que sean personas sanas sin ningún tipo de sufrimiento. 

Creo que una herramienta útil es tener platicas en las escuelas, así como una comunicación directa y abierta con las personas que se encuentran alrededor de nuestros hijos, pues como padres siempre nos preguntamos si estamos haciendo lo correcto, por lo tanto siempre ayuda involucrarse en las actividades de nuestros hijos y adaptarnos a ellos.



María Elena Martínez Pérez  

33 años

Estado de México

Tengo tres hijos, uno de 13 años, 8 y 1 año 9 meses. Cuando Luis Fernando, el mayor de los tres, cumplió un mes de haber nacido le dio bronconeumonía, una enfermedad que ni mi esposo y yo conocíamos. Recuerdo que mi bebé estaba dormido y ya llevaba un rato así, mi esposo fue a verlo porque ya le tocaba de comer, pero no despertaba, no se movía, estaba muy quieto y frío, y tenía sus labios morados, entonces lo llevamos al hospital. Al llegar, inmediatamente lo internaron y le pusieron oxígeno, el médico nos dijo que si nos hubiéramos tardado un poco más mi hijo probablemente habría muerto. Se quedo una semana en el hospital y su recuperación fue muy favorable. El doctor nos dijo que a pesar de que mi niño tenía bajo peso, estar alimentándolo con leche materna le ayudó a enfrentar la enfermedad, pues estaba protegido y tenía fuertes defensas. Es una situación que recuerdo muy bien, ya que me dejo un importante aprendizaje, pues como mamá primeriza debemos estar al pendiente de nuestros hijos en todo momento, cuando comen, duermen y juegan. Ahora, mi mayor reto es verlos crecer día tras día, darles lo mejor, orientarlos, guiarlos, quererlos y amarlos mucho. Para mí, ser madre es algo maravilloso y creo que debemos disfrutar mucho a nuestros hijos, no compararlos, pues cada uno es diferente, y hay que darles su propio espacio, y aunque trabajo medio tiempo por necesidades económicas, mi esposo y yo les hemos explicado a los dos  más grandes la situación, diciéndoles que como los amamos mucho queremos darles lo mejor y todo lo que necesitan, por eso tenemos que trabajar, sin dejar de estar al pendiente de ellos y darles tiempo de calidad. Para mí el afecto es muy importante, mi hijo el mayor siempre me dice que ellos sienten cuando estamos enojados o contentos, por eso, hay que transmitirles más alegría que tristeza, hay que abrazarlos, darles un beso, darles muestras de cariño. A veces siento que el papel de los padres es difícil, por eso es importante que nos orientemos y busquemos información para educar a nuestros hijos, aunque cada niño es diferente, siempre es bueno tener una guía.  



María Margarita Bolaños Fuentes

32 años

Oaxaca, Oax. 

Me siento grande con mis tres hijas, Xóchitl tiene 8 años, Aylin 4 y Azul 9 meses. Ellas son unas niñas hermosas y cada una es especial. Para mi tenerlas es maravilloso porque son parte de mí. Siempre las abrazo, las beso, les digo lo importante que son, pero también les marco límites, si se portan mal les trato de explicar su mala conducta. Con ellas nunca dejo de aprender y me doy cuenta que ser madre no es fácil, que siempre habrán alegrías, pero también preocupaciones. Cuando mi hija la mayor aprendió a hablar, sentí una felicidad inmensa al escuchar su primera palabra, pero cuando se enfermo a los seis meses, sentí desesperación y mucha angustia. Ella tenía calentura, lloraba muy fuerte y no quería comer, en ese momento, no sabía qué hacer, y me puse a llorar. Después la lleve al doctor, la revisaron y le dieron medicamentos, pero no se recuperaba, pasaron dos días y seguía igual. Su papá y yo la volvimos a llevar al médico, y afortunadamente se recuperó. Cuando tus hijos se sienten mal, te genera una gran impotencia al no saber exactamente que tienen y cómo puedes ayudarlos, pues lo que más deseas es que nunca se enfermen y que no les pase nada malo. Yo siempre le pido a Dios que nos ayude a mí y a mi esposo a protegerlas y guiarlas, que sean unas niñas felices y que crezcan y se desarrollen de manera muy sana. Hay muchas madres que no quieren a sus hijos, les gritan, los golpean, y no debe ser así. Los niños son traviesos, pero no hay que alterarnos, pues como bien se dice hay que “contar hasta 10” y tener mucha paciencia. Sin duda no es fácil ser madre o padre, pero con amor y dedicación todo es posible.