Niños con conducta agresiva

Niños con conducta agresiva

Una de las grandes pesadillas de toda mamá al dejar a su hijo en la escuela es el escuchar al recogerlo: “señora su hijo mordió o le pegó a su compañero”

 

Psic. Tania Díaz Michel Elías

 

 

Más allá de que sea nuestro hijo quien ha sido agredido, en donde también se experimenta enojo, generalmente el que nuestro hijo sea quien agrede a los demás puede causar sentimientos de vergüenza e impotencia ya que por lo general no sabemos el origen del comportamiento que está presentando.

 

Pero ¿qué es lo que hace que un pequeño reaccione de esta manera? Tanto los animales como el ser humano contamos con un grado de agresión que nos ayuda a protegernos del peligro y las amenazas que puedan venir del mundo externo, ésta nos es útil para defendernos ante cualquier amenaza; sin embargo, en el ser humano, en especial en los niños, no siempre la amenaza es tan clara como ver a un león y saber que puede hacernos daño sino que la gran mayoría de las veces, ésta viene del mundo interno del niño, es decir, lo que piensa y las fantasías que tiene con respecto a lo que pasa en el mundo que lo rodea, es por ello que cuando no sabe cómo reaccionar ante sentimientos que no puede identificar, lo primero de lo que echa mano es de la agresión.

 

Los niños están buscando límites todo el tiempo. Uno de los problemas con los que nos enfrenamos en la actualidad es el no querer educar a nuestros hijos como lo hicieron nuestros padres, casi siempre de manera estricta, por lo que se ha buscado invitar al niño a que no haga o no diga cosas que puedan estar mal, el problema de esto es que si sólo se queda en una invitación, el niño no logra comprender quién es la autoridad y hasta dónde puede llegar a transgredir la ley, no precisamente la constitución sino las reglas de la casa, de la escuela o simplemente las sociales, es por ello que a la par de la invitación se le tiene que explicar qué es lo que está haciendo que está mal y las consecuencias que pudiera tener, de esta manera, se establece un límite claro en el que el niño puede entender el porqué del regaño y poco a poco el papel que cumple esa regla.

 

Algo que resulta complicado tanto para niños como para adultos es el aprender a identificar sus emociones, muchas veces al preguntarles ¿qué pasó? o ¿por qué lo hiciste? el niño nos describirá la situación; sin embargo, pocas veces pueden poner nombre al sentimiento que los llevó a actuar de esa manera. De ahí la importancia de traducirle a los niños lo que les pasa; se preguntarán cómo traducir, si hablamos el mismo idioma, pues el arte de traducir lo que le pasa al niño viene acompañado de la empatía, es decir, el poder ponernos en su lugar para saber lo que está sintiendo y explicarle lo que le sucede de manera que pueda entenderlo; por ejemplo, cuando se encuentran en una tienda y el niño quiere un dulce y al negárselo comienza a gritar y patalear, lo que hay que explicarle es que está muy enojado porque no le compramos el dulce pero que en otro momento podrá comer un dulce.

 

En los niños, la tristeza y la angustia generalmente derivan en conductas de agresión ya sean hacia sí mismo, como permitir que lo dañen sin defenderse, o hacia los demás dañando con golpes o palabras; no obstante, la depresión, vista como entidad clínica y fuera de un contexto psiquiátrico, se vincula a un sentimiento de culpa, lo cual es señal de un desarrollo saludable en la persona ya que muestra una capacidad de sentir empatía y una preocupación genuina por el otro, esto acompañado de un malestar por temer haber hecho daño a alguien a quien quiere y que este se vaya, lo que lo lleva a reflexionar acerca de sí mismo y sus acciones.

 

Detrás de la depresión se oculta un sentimiento de odio, sin embargo, el humor depresivo ayuda a mantener bajo control este sentimiento buscando controlarlo. Al sentir que puede dañar algo que quiere, el niño revalúa la parte de la agresión y es aquí donde se percibe la parte depresiva. Para el niño que se siente deprimido no le es útil que le digan que esté bien, que no llore, que le den premios o traten de distraerlo con lo bonito que es el día ya que más allá de ayudarlo puede provocar más enojo. La mayor parte de las veces, lo que causa un gran alivio en el niño es encontrarse ante una situación amenazante ya que así puede proyectar su temor y su inseguridad en un perseguidor que es real y no sentirse inundado de tanta agresión. Así la maestra estricta, el compañero que le quitó un juguete o que lo vio feo se convierten en los perfectos depositarios de los sentimientos del niño.

 

Por lo anterior, es importante explicar al niño sus sentimientos y acciones para que de esta manera pueda responsabilizarse de sus sentimientos e ideas, creando así las bases para una adecuada salud mental en la que el niño y más adelante adulto, pueda hacer frente a sus impulsos y sentimientos destructivos, sin necesidad de proyectarlos o actuarlos.

 

Por paradójico que suene, las experiencias constructivas y creativas dan al niño la posibilidad de acceder a la experiencia de destructividad. Es así que en el trabajo terapéutico con niños se busca conocer tanto los impulsos creativos como agresivos del niño a través de un lenguaje en el que pueda comunicarlo fácilmente, lo que resulta en la expresión a través del juego. Sólo asimilando ambas partes, el niño puede llegar a conocer tanto su parte creativa y amorosa, como su parte agresiva y con ello va pudiendo construir una personalidad genuina, apropiándose de sus defectos y virtudes.

 

Lo que se sugiere promover

 

·      Tratar de que el niño entienda sus sentimientos y la relación que tienen con sus acciones. Es importante tratar de ponerse en el lugar del niño y explicarle que se siente triste, enojado, angustiado, etc. y que al golpear o agredir a alguien más está tratando de expresar sus sentimientos.

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·      Que el niño tenga la oportunidad de enmendar sus errores por sí mismo. Aquí me refiero a que él mismo pueda entender lo que hizo mal y con ello que pueda enmendar su error de una manera en la que pueda responsabilizarse de sus propios impulsos destructivos.

 

·      El tratar de que el niño entienda sus sentimientos y la relación que tienen con sus acciones. Es importante tratar de ponerse en el lugar del niño y explicarle que se siente triste, enojado, angustiado, etc. y que al golpear o agredir a alguien más está tratando de expresar sus sentimientos.

 

·      Conducir al niño a que poco a poco elabore sus propias soluciones. Es decir, explicarle que cuando se siente triste puede llorar, o puede hablar con alguien, que es importante decir cómo se siente, pero sin lastimarse o lastimar a los demás.

 

·      Darle la oportunidad al niño de contribuir en las soluciones. Tratemos de que el niño tome parte activa en la creación de las soluciones. Podemos sugerirle diferentes formas de hacer frente a sus acciones; sin embargo, es importante no imponerle una solución ya que esto limitará su creatividad y la parte genuina del acto.

 

Lo que se sugiere evitar

 

·      Solucionarle el problema al pequeño. Muchas veces creemos que es mejor para ellos protegerlos y simplemente hablamos con la madre del otro compañerito sin que él tome parte del asunto, el problema de esto es que se bloquea la capacidad de hacerse responsable y con ello el niño tenderá a culpar a los demás por sus problemas sin hacerse responsable de las acciones que él haya tenido.

 

·      Limitar la comunicación con el niño. Al contrario de lo que pensamos el no hablar del hecho agresivo puede causar que el niño en cuestión busque un límite más claro, pedir más atención o auxilio a través de actos que pueden dañarlo a él o a quienes lo rodean.

 

·      Amenazar a los niños. Algunas veces llega a tal punto la desesperación de los padres que podemos llegar a decirles cosas como “si no te portas bien te voy a dejar de querer” lo que provoca que el niño se “porte bien” pero aumenta su sentimiento de inseguridad, enojo y tristeza por lo que más allá de ayudarlos, acrecentamos el problema

 

·      Ocultarle los problemas que pueda haber en el ambiente en el que se desenvuelve el niño. Es importante que cuando haya problemas familiares, ya sea de violencia o de alguna separación se le explique, de una manera que pueda comprender, lo que está pasando. Los niños suelen ser muy perceptivos, se dan cuenta cuando algo anda mal y asumen que es por su culpa, por lo que pueden presentar sentimientos de angustia, enojo y desesperación al no tener claro qué está sucediendo.

 

·      No poner límites claros. Para el niño, quien comienza a vivir en sociedad es importante entender las reglas de convivencia, por naturaleza va a buscar hasta dónde puede llegar y si no queda claro hasta dónde es el límite y este no se mantiene constantemente y con firmeza puede causarle una sensación de confusión y angustia ya que no queda claro cuándo está haciendo algo mal.

 

La comunicación con los pequeños es primordial para un desarrollo pleno y saludable, son ellos quienes comienzan a aprender a vivir en sociedad y cómo comportarse a través de la observación de las personas más cercanas, principalmente la familia. Es importante poder detectar las necesidades del niño y explicarle sus acciones y las consecuencias que estas tienen, de esta manera podemos construir un vínculo más cercano con ellos y ayudarles a desarrollarse como individuos únicos y sobre todo felices. En caso de que sea una situación que nos rebasa, se recomienda pedir ayuda profesional, esto a manera de hacer un equipo de trabajo: el niño, los padres y el terapeuta, buscando así un desarrollo pleno y saludable del individuo en la sociedad.

 

DATOS DE AUTOR

 

Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM). www.spm.org.mx

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