Consecuencias proporcionales en lugar de castigos, 1ª. Parte.

Consecuencias proporcionales en lugar de castigos, 1ª. Parte.

 

 

Distinguir las importancias relativas de las faltas es el 50% de la respuesta a “¿qué hacer?” frente a la conducta inaceptable de tus hijos.

 

Vidal Schmill*

 

Recuerda que la clave es actuar proporcionalmente a la clasificación de cada falta cometida. Esto es algo que tendrás que decidir en cada ocasión. No hay reglas o recetas aplicables a todos los casos.

 

Si tu hijo comete una FALTA LEVE, puedes:

 

·      Llamar la atención de manera firme. Acuérdate de equilibrar la firmeza con la benevolencia. Además, es especialmente importante, no transmitir mensajes contradictorios entre el significado de las palabras que usas para indicar tu desacuerdo con su conducta y la entonación para decírselo. Si tú le dices: “¡no juegues con el toma corriente!” y luego agregas con cariño “mi amor”, estás transmitiendo dos mensajes contradictorios. Cuando llames la atención, sé firme, directo, sin concesiones. Esto no significa que lo insultes, le grites o lo humilles; corrige sin lastimar a la persona, no seas grosero con tus hijos.

 

·      Manifestar tus sentimientos por su conducta. Algunos de los ejemplos a este respecto, que aparecen en el libro Adele Faver y Alaine Mazlish anteriormente mencionado, son: el niño está tironeándote de la manga para decirte algo; en lugar de gritarle algo como: “¡ya basta, eres de lo más molesto!” (“etiquetado” y rudeza innecesaria) puedes manifestarle en un tono moderado tus sentimientos: “no me gusta que me jalen de la manga”.

 

Otro buen ejemplo es el de un joven que interrumpe lo que su madre le está diciendo y ésta, en lugar de gritarle: “¡estoy harta de que siempre me interrumpas, eres un grosero!” (“etiquetado” y explosión desmedida) le manifiesta sus sentimientos: “me siento muy mal cuando empiezo a decir algo y no me dejas terminar”.

 

Este tipo de comunicación puede marcar la diferencia para que tus hijos realmente te escuchen, ya que actuando así no necesitan defenderse, pues no los están atacando, sólo estás describiendo lo que sientes.

·      Hacer que salga del lugar hasta que decida cambiar su comportamiento. Esta es una opción que puedes seguir cuando alguno de tus hijos está cometido una FALTA LEVE pero que es molesta para los demás o impide la convivencia armónica. Se está pasando de la raya; está en la “frontera”, a punto de convertirse en FALTA INTERMEDIA. Simplemente haz que salga del lugar y dile que puede volver cuando esté dispuesto a cambiar su conducta y pueda estar conviviendo en buenos términos con los demás. Si persiste, puedes sacarlo físicamente del lugar. Que le quede claro que la consecuencia de su conducta poco sociable será no poder permanecer donde los demás están conviviendo, así como la consecuencia de una conducta respetuosa con los demás, será la convivencia armónica.

 

·      Señalar una forma de ser útil para obtener su cooperación. Cualquier ser humano disfruta siendo útil y contribuyendo con la gente que ama. Cuando son adolescentes esto puede ser más difícil, pero no debes cejar en tu empeño por lograr que sean jóvenes colaboradores, aunque hay que aclararles la forma específica en que pueden ser útiles; no les digas sólo que cooperen sin mencionar cómo hacerlo.

 

·      Describir la consecuencia inmediata y negativa de su conducta. Esta es una opción que debes ejecutar con mucha sencillez. No la complique con sermones o explicaciones excesivas. Simplemente describe, no interpretes de más. Algunos ejemplos: si el niño está distraído jugando mientras se calienta el agua para bañarse, y ya está desperdiciándola, en lugar de gritarle “¡eres un irresponsable!” abres las llaves y no te importa nada más que jugar. ¡¿Quieres que nos inundemos?!” (“etiquetado”, reacción excesiva, acusación innecesaria) puedes optar por simple y únicamente describir lo que ves sin sermonar: “Raúl, el agua ya está caliente y vas a acabar bañándote con agua fría”.

 

Otro excelente ejemplo es el de una joven hablando por teléfono demasiado tiempo (¿te suena familiar?) y en lugar de gritar algo como “¡otra vez colgada de la línea!”, ¡”si no aprendes a usar el teléfono, le voy a poner un candado!”, puedes simple y únicamente describir: “llevar hablando 20 minutos y necesito usar el teléfono ya, además de que no pueden entrar otras llamadas”. Cuando describes el punto, sin gritos ni regaños, se les brinda a los niños o jóvenes una oportunidad para decirse a sí mismos lo que deben hacer. Comprendo que pueda serte difícil cambiar a este estilo, pero vale la pena intentarlo.

 

·      Decir una sola palabra. En lugar de regañar odiosamente: ”¡ya les he dicho cientos de veces que se pongan la piyama y nada más se hacen los graciosos! ¡ya estoy cansada de que no me hagan caso!, ¡se quedan sin ver tv!”, y así hasta la náusea ¿podrás decirlo con una sola palabra?: “¡niños, las piyamas!”. Inténtalo, descansarás tú y descansarán ellos.

En lugar de “¡mira nada más! Ya te vas y se te olvida el lunch. ¿Qué harías sin mí para recordarte las cosas? No te olvidas de la cabeza porque la traes pegada”, mejor dilo con una sola palabra: “Mariana: ¡tú lunch!” se lo das y punto.

·      Escribir una breve nota que exprese lo que necesitas. En ocasiones, el lenguaje escrito es más efectivo que el verbal, sobre todo cuando se ha desgastado la relación por tanta insistencia en alguna conducta y el deseo de que la corrija. Entonces es conveniente recurrir a una nota escrita “Shhh, mamá y papá están dormidos” pegada en tu puerta, con letra grande un domingo por la mañana, puede ser una buena alternativa. Una nota pegada en el espejo del lavabo frente al cual se peina tu hija, que diga “¡auxilio!, los cabellos me ahogan y luego vomito. Atentamente, tu lavabo! Puede funcionar mucho mejor que los gritos y repeticiones constantes para que cambie su conducta. Además, el sentido del humor es un buen recurso para aligerar las incomodidades de la convivencia cotidiana con otras personas, no sólo con los hijos.

Como puedes ver, hay una buena cantidad de alternativas para influir en nuestros hijos e incrementar su conciencia sobre su propia conducta sin llegar al castigo.

El exceso de castigos, de gritos y, sobre todo, de golpes por faltas leves, te desacreditan como madre o padre. Pierdes credibilidad ante los ojos de tus hijos, pues muestras falta de control y ausencia de sensatez. Además no puedes hablar de amor cuando tu conducta muestra resentimiento, hartazgo, cansancio o apatía por tu incapacidad para imaginar una mejor alternativa ante situaciones simples.

Recuerda que la clave es actuar proporcionalmente a la clasificación de cada falta cometida. Esto es algo que tendrás que decidir en cada ocasión. No hay reglas o recetas generales.

 

 

 

A.   ACUMULACIÓN DE TENSIÓN. Cambios repentinos de ánimo del agresor, que comienza a reaccionar negativamente ante lo que siente como la frustración de sus deseos. Pequeños episodios de violencia escalan hasta alcanzar el ataque, los cuales son minimizados y justificados. La tensión aumenta.

 

B.   DESCARGA AGUDA DE VIOLENCIA. Consiste en la descarga incontrolada de las tensiones contraídas. Fuerza destructiva de los ataques. El agresor comienza por querer “darle una lección”  termina encontrando que ha lastimado severamente a la otra persona. Le sigue un período de shock, de negación del hecho, en el que intenta justificarse y aparecen reacciones de depresión y desamparo.

 

C.   “RECONCILIACIÓN”. El agresor asume una actitud extremadamente amorosa y arrepentida, dándose cuenta de que ha ido demasiado lejos. La reconciliación es bienvenida por ambas partes pero, irónicamente, es el momento en que la victimización se completa

 

SIMPLICIDAD

 

“Sería mejor simplificar

un proceso que enseñar

a la gente a hacer frente

a la complejidad.”

 

“La simplicidad es aún

más importante como

hábito mental permanente,

como estilo de pensamiento”

 

-Edward de Bono

 

 

DATOS DE AUTOR

 

*Disciplina Inteligente, Vidal Schmill, Ed. Producciones Educación Aplicada, Cap. 6

 

**Pedagogo, especialista en Desarrollo Humano, Consultor de procesos educativos para personal docente, padres de familia y alumnos de distintas instituciones. Conferencias con experiencia internacional