Sra. María Magdalena Islas Sánchez 52 años

Sra. María Magdalena Islas Sánchez 52 años

Sra. María Magdalena Islas Sánchez

52 años

Estado de México


Ser madre es la expresión de amor más grande que hay en el mundo. Tengo tres hijos y ellos son para mí lo más extraordinario, con quienes he aprendido y valorado muchos aspectos de mi vida, pues cuando nació el más chico, David, tome conciencia de lo importante que es creer, amar, tener fe y esperanza. Cuando me embaracé de él, fue una sorpresa, yo ya no quería un tercer hijo, pues en ese tiempo tenía problemas con mi esposo, al punto de llegar al divorcio, eso no me daba ninguna tranquilidad, por lo tanto no me cuidé durante mi embarazo y pensé en abortar. Finalmente, mi hijo nació, pero tuvo complicaciones, tenía muy bajo peso y presentaba un cuadro severo de hernia inguinal (abultamiento o hinchazón en la ingle o en el escroto) que probablemente podía llevarlo a la muerte, sin embargo, su llegada cambió la perspectiva de nuestras vidas, ya que al verlo lo recibimos todos con mucho amor. Pienso que este cariño que toda la familia le demostró lo ayudó a salir adelante, pues empezó a recuperarse y milagrosamente ya no necesitó de la operación que le habían programado para eliminar la hernia. Su llegada fue una razón para que mi familia se uniera, y con él volvimos a recomenzar.  

Esa fue una gran experiencia. Cada uno de mis hijos me ha dado una enseñanza de crecimiento personal. De mi hija la mayor he aprendido la perseverancia, la terquedad para lograr todo lo que nos propongamos; de mi hijo el segundo, el hecho de apreciar lo bueno de la vida, de escoger siempre lo mejor, sencillamente porque nos merecemos lo mejor; y del chico, lo maravilloso que es vivir, valorar que estamos vivos, disfrutarlo y buscar siempre la felicidad. Ahora los veo ya como unas personas adultas que toman sus propias decisiones y me hace feliz verlos felices. Eso es lo que recompensa todos los miedos y temores que tuve en un principio. Sin duda, es difícil, cada día se aprende, pero lo importante es no perder de vista que el afecto y el amor son pilares muy fundamentales para educar a los hijos y para integrar una familia. Yo creo firmemente en el pensamiento,  es decir, si nosotros amamos a nuestros hijos, hay que decírselos, no sólo pensar que es suficiente con darles comida o festejar un cumpleaños, hay que ofrecerles atención y mucho cariño, de esta manera ellos a su vez lo reflejarán en sus propios hijos. Es una cadena que empieza con el pensamiento, se sigue con las palabras, y finalmente, aterriza en las acciones y los hechos, mismos que darán pie a la formación de un carácter y un hábito. 


Ma. del Rosario Arenas Soriano

28 años

México, Distrito Federal


Ser madre es una gran responsabilidad y una labor enorme. Es muy bonito y agradable tener una compañía, saber que hay una personita que diario te espera en casa; sin embargo, no sólo se trata de eso, también implica saber educarla, estar al pendiente de ella y cuidarla mucho. Mi niña se llama Citlali, y ella es mi razón de ser, mi amor incondicional. Me preocupa su bienestar y su crecimiento, y esto ha sido difícil para mí, pues soy madre soltera y debo ver con quién y dónde dejarla, ya que mi trabajo me impide estar todo el tiempo con ella. 

Por esa razón, me he visto en la necesidad de dejarla en una estancia desde que ella tenía tres meses, pero siempre pienso si está bien, si ya comió, si está tranquila. Recuerdo que en una ocasión tuve complicaciones en el trabajo y debía recogerla a las 5:30, pero llegué hasta las 6:30, entonces es una angustia y ansiedad que no puedes controlar, y sobre todo, porque en la estancia me habían dicho que los niños iban a ser llevados a la delegación si los padres no se presentaban a tiempo. Afortunadamente ella estaba bien. Es una niña que ha asimilado esta situación, he intentado explicarle por qué debo llevarla ahí. Esto no significa que no le preste atención, siempre procuro hacer alguna actividad con ella, pues después de salir de la estancia le quedan muchas energías. Cuando estaba en lactancia y maternal y le enseñaban a conocer su cuerpo, yo procuraba reforzarlo, por lo tanto buscaba juegos que involucraran las partes del cuerpo para que ella lo aprendiera más rápido; conforme iba creciendo, se interesaba más por las letras, los colores, los números, entonces yo buscaba juegos didácticos que le agradaran y le ayudarán en esas áreas. Ahora tiene seis años y he empezado a leerle cuentos, cantamos, hacemos dibujos, jugamos a la escuela, memorama, lotería, rompecabezas, todas las actividades que a ella le gustan. 

Como madre procuro darle lo mejor, pues deseo que se supere personalmente y crezca con valores sanos, que sea una niña alegre y contenta. Por eso, busco la manera de informarme y asistir a cursos que me orienten para educar a mi hija. Sin duda estoy convencida que la base para criarlos es con amor, paciencia, tiempo de calidad, con reglas y límites. 



Maribel Cruz García

39 años

México, Distrito Federal


Tengo dos hijos, uno adolescente de 17 años y una niña de nueve. Para mí ellos son una bendición y una gran responsabilidad, pues aunque ya  no son propiamente unos niños, todavía necesitan de los cuidados y atenciones necesarios para su crecimiento. Los dos son muy diferentes y cada uno te exige cosas distintas. Ambos han tenido enfermedades y siempre esto es motivo de preocupación porque tu deseas que estén sanos y nunca se enfermen. Recuerdo que mi niña nació con una alteración en la piel, se le resecaba mucho y cualquier contacto le perjudicaba. Me di cuenta de su padecimiento porque cada vez que le ponía crema en su cuerpo se le resecaba en extremo y se le veían como grietas, pensé al principio que se trataba de una alergia, la lleve con el médico quien le hizo varios estudios y le dio tratamiento. Finalmente, el problema está controlado, pero procuro estar alerta siempre ante cualquier síntoma extraño, pues sé que existen muchas enfermedades de la piel. Sin embargo, no sólo me preocupo por su salud, también quiero que ellos estén bien, sean personas emocionalmente sanas, y tengan un futuro mucho mejor. 

Para ello, es importante no dejar de prestarles atención, escucharlos, tener comunicación con ellos para saber lo que desean, cuáles son sus metas y que esperan de nosotros como padres.