¿Árbitro o mediador?

¿Árbitro o mediador?

¿Qué hacer cuando se pelean tus hijos?, ¿debes meterte en medio de los pleitos o debes dejar que ellos lo resuelvan a su modo?, ¿castigas al culpable?, pero ¿quién es el culpable?

Psic. Monserrat López

Los pleitos entre hermanos son el pan diario en muchos hogares. Algunas veces, las peleas tienen fundamento, pero otras se originan en cosas sin importancia. Lo cierto, es que los conflictos entre hermanos son inevitables y frecuentes, sobre todo durante la infancia.
Por lo regular, los pleitos son desacuerdos que existen, todos llegamos a tenerlos y tienen que ver con los intereses cuando son distintos, no coinciden y es así cuando se puede presentar la agresión y el enojo. Por lo que, en el caso de los niños, es adecuado saber cómo actuar cuando se presentan.

¿Qué causa el pleito?

Cuando los niños son pequeños es cuando más conviven con sus hermanos, aunque las figuras más importantes van a ser los padres y siempre buscarán el cariño o el reconocimiento de éstos. Entonces, desde el nacimiento de un hermano es difícil compartir, normalmente surgen envidias entre ellos, en consecuencia, les cuesta trabajo compartir, por ejemplo: si alguien quiere algo el otro también lo quiere. A todos nos gusta ser hijos únicos, por eso hay muchas peleas.

Así, las peleas están motivadas por una rivalidad innata al querer establecer el dominio sobre el otro. Además, se presenta un afán por llamar la atención de los padres y disputar su cariño. Asimismo, los niños son muy egocéntricos y quieren ser el centro de interés de las personas y tener posesión de todo. Por eso, cuando tienen un hermano disputan los espacios y los objetos personales. Las razones de las “batallas” son múltiples: los juguetes, el cuarto, la comida, los regalos, la ropa, la televisión, el asiento del carro, el baño, etcétera. Esto significa que en cualquier momento se puede desencadenar una nueva pelea. Casi siempre, existe mayor rivalidad entre hermanos cuando la diferencia de edad es poca.

Ahora bien, el antagonismo se acentúa sobre todo cuando nace el hijo menor y todos los ojos de la familia se dirigen hacia el nuevo miembro. En este momento, el hermano mayor siente celos y se puede volver más egoísta. Sin embargo, las peleas no son del todo malas. La rivalidad entre hermanos es necesaria para estructurar la personalidad y sirve como agente socializador.

Cómo manejar el pleito y cuándo intervenir

Los padres no deben perder la calma; por lo regular, llega papá o mamá y los regaña a los dos sin averiguar qué sucede, y eso se puede convertir en pelea de tres, ya que el padre se pone a nivel del niño y no muestra madurez. En un pleito no se debe gritar, no perder la calma, ni sobresaltarse, tratar de separar y aclarar cuál es la situación que quiere cada uno, por ello hay que tratar de hablar con ellos por separado. La clave es no tomar partido hacia alguno de los dos, sino darles la posibilidad de que aprendan a resolver el conflicto ellos mismos. Tampoco es adecuado defender a alguno, ni castigarlos. Si hay una amonestación, debe ser la misma para los dos.

Los padres deben servir como mediadores y explicar las consecuencias de las peleas y las agresiones. Es conveniente enseñarles la importancia de la hermandad y que esta relación no se basa en los golpes, sino en el cariño.

Si se trata de una pelea física siempre deben intervenir, no deben dejar que haya pelea física, pues hay diferencia de edad y fuerza, el más grande siempre va a ganar, y los padres muchas veces lo permiten. Cuando solo se trata de desacuerdos y no se han faltado al respeto entre ellos ni han llegado a la agresión, es mejor no intervenir, la pelea se vuelve de dos contra uno cuando ya son tres, y uno de los hijos puede tomarlo a mal y crear un resentimiento, por eso es mejor que ellos resuelvan sus problemas, la clave está en marcar límites.

Tampoco es adecuado recurrir al castigo físico, porque eso reforzaría la idea de que la violencia es la solución de los problemas. La meta es dialogar para mostrar la importancia de la comunicación y reflexionar sobre lo ocurrido. Por ningún motivo deben proteger siempre al más “débil”, pues eso puede provocar que no aprenda a defenderse por sí mismo y recurra, en estos casos, a sus padres.

Cómo actuar de manera justa

Los padres deben establecer límites, ser muy claros, muchos no lo son, pues no son con- gruentes en lo que dicen, esto significa que deben ser parejos con los dos niños y cum- plir con las reglas. Además de enseñarles modales (decir por favor, gracias, pedir las cosas, etcétera), que se vale pelear, expre- sar sus emociones e inquietudes. Es impor- tante también enseñarles a generar empatía (cuando tú haces esto lo lastimas, cuando

lo rompes le duele), se trata de que tengan inteligencia emocional.
Los padres deben enseñar a los niños la im- portancia de compartir y que aprendan el placer de darle algo a alguien.

Lo mejor es regañar a los hijos en el mo- mento preciso, quizá por esta razón papá, debido a que debe trabajar, no se entera sino hasta que llega en la noche a casa, y aunque regañe a los niños, éstos ya no lo

van a sentir como una consecuencia; enton- ces, lo importante es monitorear cómo es su convivencia, si realmente es común que presenten ese comportamiento, y aunque llegue en la noche y hayan pasado horas, no significa que no haya una consecuencia, aunque sea una llamada de atención, por- que si se deja pasar, los pequeños no van a comprender qué es lo correcto.

 

Consecuencias

Principalmente se genera rencor, cuando no se les explica el por qué del regaño; piensan en la venganza, entonces terminan desquitándose con niños de la escuela (lo que se conoce como bu- llying) o, por el contrario, pueden volverse sumi- sos; si se trata de los mayores pueden sentirse no queridos, más tarde, incluso de adultos pueden acordarse de esos rencores, por lo que les va

 

Cuándo pedir ayuda terapéutica

Los padres se dan cuenta de lo que sucede, pero no pueden manejar la situación, quizá porque los niños ya son muy violentos o sumisos, razón que puede provocar depresión en los pequeños, lo cual hace que los padres no puedan hablar con ellos, es necesario entonces buscar ayuda de un especialista que ayude al niño a saber qué siente y qué está pasando.

Para evitar los pleitos

   Tratar generar empatía y convivencia entre los hermanos y miembros de la familia, para ello es preciso no ponerlos a competir ni hacer comparaciones, sino más bien crear una relación solidaria y afectiva, donde el mayor ayude al chiquito, sin marcar jerarquías, de lo contrario se pueden fomentar la envidia y los celos que degeneran la relación entre hermanos. 


   Hay que tomar en cuenta que es muy natural que se genere cierta envidia, enojo y peleas, pero también saber que siempre se puede intervenir de la manera correcta. Lo importante es evitar la agresión y falta de respeto. 


   Las reglas de disciplina deben ser para ambos hermanos y equitativas para todos los miembros de la familia. 


   Es necesario dedicar tiempo exclusivo por separado a cada uno de los hijos, con el fin de que cada padre comparta actividades diferentes con los niños. No echarle siempre la culpa de los enfrentamientos al más grande o al más fuerte. Ambos deben ser tratados de forma equitativa. 


   Es importante involucrar a los niños en todo, esto les ayuda a sentirse queridos, tomados en cuenta, no sentirse solos; todos los hijos necesitan la misma cantidad de atención y sentirse especiales. 


   Los padres deben fomentar la comunicación y la empatía dentro de la familia, averiguar lo que pasa y que está sintiendo cada integrante. La idea no es sólo parar la pelea, sino hablar con los niños para que no vuelva a ocurrir. A los pequeños se les debe explicar todo, pues están viendo todo el tiempo lo que sucede en su entorno. 


   También es importante señalar que los niños tienen sus derechos, a tener su propia privacidad, a tener sus juguetes, y entre hermanos debe haber un respeto por estos aspectos. Los padres deben enseñarles a compartir y a tener ese respeto. No se trata de sermonearlos, sino de platicar con ellos. 


   Si las peleas se vuelven recurrentes e intensas y la situación se sale de control, es aconsejable buscar ayuda profesional. 


   Clínica de Asistencia a Pacientes de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM). Tels.: (+52- 55) 5286 1744 y 5286 5509, www.spm.org.mx 
Clínica de Asistencia a Pacientes México D. F. Tels.: (+52-55) 5553 3599, 5286 6550 y 5286 0329, e-mail: spp@spm.org.mx 
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