Cuidados diarios

Cuidados diarios

Cuando tu bebé cumpla cuatro meses, es probable que ya hayas establecido una rutina diaria en cuanto a su alimentación, siestas, baño y horario de acostarlo en la noche. Los cambios que experimenta a partir de esta edad son sobre todo en su interior, pues aprenderá a coordinar sus habilidades de percepción (utilizar los sentidos de la  vista, tacto, oído) y sus capacidades motoras (agarrar cosas, darse vuelta, sentarse e incluso comenzar a gatear). Ahora tu bebé sabrá comunicar mejor sus emociones y deseos, lo que hará con frecuencia.

 

Durante estos meses, te darás cuenta que no existe una fórmula precisa para criar a un niño de manera ideal. Tanto tú como tu pequeño son únicos, así como la relación que sostienen. Por lo tanto, lo que funciona con un niño no necesariamente funciona con otro. Tú misma debes descubrir lo que es efectivo, y nosotros te ayudaremos en esta tarea.

 

Cuidados diarios

 

Baño e higiene

 

El baño de tu bebé debe ser diario, y según tu comodidad y gusto en el horario más adecuado para ti, ya sea en tina o en la regadera. Debes prevenir accidentes al bañar y enjabonar a tu pequeño. Ten en cuenta la forma de sujetarlo y enjuagarlo en la tina o la regadera. Es importante que te pongas una camiseta y lo hagas de preferencia sentada, pues los jabones pueden dejar al niño resbaladizo ocasionando accidentes innecesarios. Si no presenta algún tipo de alteración en la piel puedes utilizar jabones para bebé, no antibacteriales e idealmente blancos, sin exceso de perfume. La opción de champús para bebés que no producen ardor en los ojos es válida siempre y cuando sean bien tolerados y no contengan sustancias o ingredientes nocivos para ellos.

 

Sueño

 

Del mismo modo que cada bebé tiene su capacidad de aprendizaje (lenta o rápida), su actitud diferente ante la comida (bebés glotones o inapetentes ) o su carácter (tranquilo o nervioso), también existen variaciones muy amplias en lo que respecta al sueño, su duración, el comportamiento durante el mismo y en general el rito vigilia-sueño.

 

A partir de los cuatro a los seis meses, el bebé se mantendrá más horas despierto. Por la noche dormirá de 10 a 12 horas diarias y durante el día dormirá al menos dos o tres horas. Normalmente una siesta por la mañana y otra después de comer. En este periodo, la mitad de los niños duerme hasta 15 horas y no se despierta por la noche (el otro 50 por ciento sigue despertándose para comer). De cualquier manera, cada niño es diferente. Algunos duermen sólo unas horas durante el día, otros hacen tres o cuatro siestas. Algunos están acostumbrados a dormir muchas veces durante poco tiempo: se duermen el auto, en el paseo, se quedan dormidos después de comer, en el desayuno o después de la merienda.

 

Lo más importante durante esta etapa es que acostumbres al niño a seguir un ritmo determinado. Poco a poco se acostumbrará a los horarios que sus necesidades de sueño le impongan.

 

Debido a que el pequeño estará más vivaz y activo, es posible que te cueste conciliar el sueño al final del día. Otra razón por la cual debes seguir una rutina. Ensaya qué método resulta más efectivo para tu bebé. Ten en cuenta las actividades de la familia y el temperamento del niño. Cosas como un baño caliente, un masaje, mecerlo, leerle un cuento, cantarle una canción, ponerle música suave o darle el pecho o el biberón le ayudan al bebé a relajarse y prepararse para dormir. Con el tiempo, asociará estas actividades con la hora del sueño, haciendo que se calme y relaje.

 

En lugar de esperar a que tu hijo se duerma durante este ritual, mételo en la cuna y arrópalo cuando aún esté despierto para que aprenda a dormir solito. Acuéstalo suavemente, susúrrale buenas noches al oído y abandona su habitación. Si se pone a llorar, no vuelvas a entrar a toda prisa. Es posible que se calme al cabo de unos minutos y consiga conciliar el sueño por su cuenta. Si sigue llorando vuelve a la habitación y consuélalo más o menos por un minuto, pero sin cargarlo. Dile que lo quieres y que puede contar contigo. Después vuelve a salir. Si sigue con el llanto, espera un poco más de cinco minutos antes de volver a entrar a la habitación y repite la secuencia. Se consistente  firme. Por muy duro que resulte, más duro será para tu hijo percibir que titubeas. La verdadera recompensa vendrá cuando se despierte a media noche y pueda volver a dormir por su cuenta.

 

Si el llanto persiste por más de 20 minutos, es conveniente descartar cualquier problema (como que el bebé tenga un cabello enredado en un dedo del pie, por ejemplo). Estas intervenciones deben ser cortas y no ser pretexto para jugar un rato con el niño. Lo importante es que sepas controlar tus sentimientos naturales de frustración e incluso de enfado, de tal modo que mantengas la calma y seas firme, pero cariñosa cuando tu hijo se resista a dormir. No lo acuestes contigo ni lo alimentos. Por muy tentador que sea tratar de tranquilizarlo con comida o metiéndolo en tu cama, pronto empezará a querer este tipo de respuestas en cuanto se despierte de noche, y no volverá a dormirse a menos que las obtenga.

 

Cuando un bebé se despierta más de una vez por la noche, tal vez hay algo que no lo deja dormir si continúa durmiendo en tu habitación luego de cumplir seis meses, ha llegado la hora de sacarlo de ahí, ya que se puede estar despertando porque oye o percibe a sus padres. Si todavía duerme en el moisés, tal vez ya le quede pequeño; a esta edad necesita espacio para estirarse y moverse libremente mientras duerme y debe tener una cuna grande dotada de protectores. Otro posible problema es que la habitación del niño sea demasiado oscura. El bebé necesita dormir con un poco de luz para que, cuando despierte, pueda comprobar que está en un lugar conocido, confortable y seguro. Una simple lamparita de noche puede solucionar este problema.

 

Su propia cama

 

Por comodidad para ti durante la lactancia o por la misma novedad que significa para la familia la llegada del bebé, quizá sueles dejarlo en la recámara nupcial durante algunos meses. Sin embargo, a partir del cuarto o quinto mes lo ideal es que el pequeño ocupe su propio cuarto. La razón, el niño necesita crear desde temprano el hábito de la individualidad. Y la primera forma de ayudarlo es separarlo de ti a la hora de dormir.

 

Hacia los cuatro meses, el bebé está listo para pasar a su cuarto porque ya tiene rutinas de alimentación. Por lo general, ya pasa la noche completa sin despertarse y, además, ya tiene los primeros mecanismos de protección y puede moverse.

 

El traslado del bebé, de la cuna a la cama, es todo un reto. No sólo para el chiquito, sino también para ti, que debes superar el miedo de tener a tu bebé lejos y la angustia de separarte de él. Este sentimiento es válido, pero es recomendable que te sobrepongas y entiendas que es lo mejor para el pequeño.

 

¿Cómo proceder?

 

Lo primero que debes hacer es organizar adecuadamente el cuarto del bebé. La habitación debe ser iluminada y se aconseja tener una luz de noche. También debe ser un espacio cálido, sin humedad.

 

La cuna tiene que ser segura. No es correcto poner almohadas de plumas porque la cabeza del bebé se puede hundir.

 

Si es posible, utiliza intercomunicadores en la habitación del pequeño para escuchar cuando se despierte o llore. Hay dispositivos avanzados con video o incluso que monitorean la respiración

 

La separación es buena

 

A los cuatro meses de edad el bebé no va a experimentar ningún miedo por dormir solo. Es posible que sienta una especie de separación, pero a los pocos días se acostumbrará. En cambio, si el niño duerme junto a los padres hasta los dos años, será más difícil el proceso de irse a otra habitación. Para entonces, ya habrá adquirido una serie de rutinas y no podrá conciliar el sueño una vez que se sienta solo. Tampoco es conveniente dejarlo dormir unos días en su cuarto y otros en tu habitación, pues es posible que se genere inseguridad en él.

 

Ten en cuenta que las dos primeras noches el bebé puede tener problemas para dormirse mientras se habitúa a su nuevo entorno. En todo caso, es preferible dejarlo llorar un poco para acostumbrarlo a su propio espacio. Las consecuencias por no sacarlo de tu habitación a esta edad puede generar traumas severos, generalmente son pequeños temerosos, propensos a sufrir pesadillas nocturnas, y menos independientes. Además se puede alterar la relación de pareja porque no son posibles los momentos de intimidad.